Laberintos de cristal. Michelle Bachelet
Fuente: EL PAIS.es
MICHELLE BACHELET 22/07/2010
La bandera de la igualdad ha sido para mi y para millones la principal causa para enrolarnos en las filas de la política activa. Llegamos a ella para cambiar el orden natural de las cosas; aquel orden donde la desigualdad ocupa -y sigue ocupando, lamentablemente- un lugar tan preponderante. Aquel orden donde el más grande arrasa con el más chico. Donde se perpetúan en el tiempo divisiones sociales, étnicas o geográficas. Donde vastos sectores de la comunidad, como las mujeres, son sometidos a arbitrarias diferenciaciones.
La desigualdad acompaña muy especialmente a los latinoamericanos, donde las segregaciones de todo tipo son más fuertes que en otras latitudes. Son décadas y décadas de lucha contra esta verdadera vena abierta que posee nuestra tierra. Resulta triste revisar las crónicas de hace cien años, las crónicas del primer centenario, cuando historiadores y políticos de la época ya hablaban de la pobreza, de la insalubridad y de la enorme desigualdad que aquejaban a aquellas jóvenes naciones. Sin embargo, resulta esperanzador ver cómo en algunas áreas de política se ven avances. A los primeros esfuerzos en materia de salud y nutrición infantil, en materia de consolidación institucional, de igualdad ante la ley, en materia de cobertura escolar, entre otras, comienzan a sumarse hoy mayores resultados en materia territorial, en materia indígena, en los temas de la mujer, por nombrar sólo algunas.
Por eso me complace revisar volúmenes como este Informe Regional sobre Desarrollo Humano: actuar sobre el Futuro: romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad. Porque en el fondo, lo que en él se señala es que con adecuadas políticas y fuertes compromisos, se puede efectivamente romper este círculo y avanzar en justicia social.
Son numerosos los países de América Latina donde hemos avanzado. Hasta antes de la crisis financiera internacional, la región fue capaz de sacar de la pobreza a decenas de millones de conciudadanos en poco más de un lustro. Y más aún, ahora que comienzan a aparecer las primeras mediciones post-crisis, vemos que si bien ésta tuvo un efecto negativo en los más vulnerables de la región, este efecto fue significativamente menor a lo que ocurría en el pasado, cuando cada crisis económica arrojaba a la miseria a millones de latinoamericanos.
Así lo hemos visto ocurrir en mi país, Chile, donde las últimas mediciones muestran una leve alza en la tasa de pobreza (1,4%) para el período 2006-2009, básicamente debido a la combinación entre mayor desempleo producto de la crisis financiera y una extraordinaria alza en los precios de los alimentos, lo que hizo subir la vara con que se mide la pobreza. Con todo, al analizar las cifras uno se da cuenta del enorme efecto que han tenido las políticas de protección social y cómo éstas evitaron lo que pudo haber sido una catástrofe humana. Los chilenos tenemos muy en mente lo que ocurrió en los años 80, cuando la dogmática neoliberal manejaba la economía, la cesantía superaba el 30% y la pobreza llegó a afectar al 45% de la población.
Pero hay algo más en las cifras recientes de mi país: vemos cómo la desigualdad mantiene la trayectoria descendente que inició a mediados de la década; es decir, poco a poco el país comienza a hacerse más igual gracias a las políticas públicas que se han ido implementando en las últimas dos décadas.
Sabemos también que la desigualdad se juega más allá de las cifras. Hay una serie de aspectos simbólicos y normativos que se deben remover. Hace poco, el Informe de Desarrollo Humano en Chile hablaba de aquellos laberintos de cristal que tenían que enfrentar las mujeres en el país en su camino vital. Laberintos que ofrecen salidas para algunas afortunadas, pero que en muchos casos significan que la mujer -como puede ser cualquier otro grupo discriminado- vea postergadas sus posibilidades de desarrollo. Entonces, romper los círculos de desigualdad y romper la transmisión de generación en generación de ella, pasa por asumir dicha realidad. Los avances de los últimos años en materia de reconocimiento y derechos de diversos sectores a veces muestran la otra cara, la de los límites sociales, la de las resistencias en los valores, y las prácticas individuales e institucionales que hace que millones de latinoamericanos sigan atrapados en aquellos laberintos de cristal. Es por ello que la difusión de aquella realidad -como hace este Informe- y el compromiso político de todos los sectores se hace tan relevante.
La realidad nos demanda respuestas integrales y reclama el necesario papel del Estado como garante en el desarrollo de la justicia social y de la titularidad de los derechos, potenciando el desarrollo de la economía y de la democracia para la construcción de una sociedad más igualitaria.
Se requiere de un nuevo papel del Estado, del mercado y las familias en el cuidado de las personas, incluyendo la corresponsabilidad social. Nuevas formas de organización cotidiana, y de los entes públicos y del sector privado, que deben ser orientados con el aporte de las políticas públicas. Pero más que nada, se requiere potenciar las aspiraciones de niños y niñas, de madres y padres -como plantea este Informe- para que la igualdad sea una realidad.
Michelle Bachelet es ex presidenta de Chile

Me ha gustado el análisis de Bachelet. Creo que esta mujer ha tenido que bandear, con muchas situaciones difíciles, pero que lo ha hecho con sabiduría y justicia. La prueba de ello está en la popularidad que todavía mantenía cuando dejó el poder. Un poder al que no se aferró. Otro punto a su favor.
Por otra parte, creo que son bastante hipócritas muchas de las críticas que se han hecho contra ella, y también contra muchos de los avances que se han dado o se están dado en América Latina.
No es de recibo, en mi opinión, lanzar críticas desde un cómodo sillón, contemplando a países que tienen una terrible problemática, desde una atalaya de arrogancia.
Si, por poner un ejemplo, la situación de la mujer, que es una de las que más me interesa, es mala en muchos países de Europa, tenemos que entender en que se convierte en estos países. Sin duda ellas y los niños son los que más van a sufrir la carestía. Pienso que Bachelet también los tuvo bien presentes.
El cambio que ha sufrido Chile ha sido espectacular. Que haya muchas cosas aún por arreglar, o que no se hayan cumplido promesas que se hicieron, es algo que desgraciadamente está presente en todos los países. No, no creo que haya sido fácil la presidencia de esta mujer que además llegó al poder con muy poca confianza depositada en ella puesto que todos sabían que era alguien “colocado” estratégicamente por el presidente Lagos. No obstante, repito, creo que cumplió, aunque muchas expectativas y promesas se quedasen en el camino. Veremos si los que han llegado son capaces de cumplirlas.
Definitivamente también me gusta y me gustó… es cierto… puede que no pudiera llevar a cabo todas las promesas electorales del momento… pero sin duda llevó a la práctica muchísimas mejoras sociales… y yo personalmente no tengo ninguna confianza en el gobierno presente, pero ninguna…
A mí siempre me ha gustado esta mujer. Y cuando en la cresta de la ola decidió que no seguía, pero que no abandonaba su lucha a favor de sus ideales, me admiró y me admira. Creo que es y será un referente para muchas cosas.
Juraría que anoche comenté algo en esta entrada. Lo juraría.
En fin algo habrá pasado con los duendes informáticos.
Dije (digo) que esta mujer tambén me ha gustado y que el hecho de que dejara la política en la cresta de la ola, habla mucho mejor aún de ella. Y que, además de dejar la política, continúe de forma activa implicada en esta tarea tan encomiable.
Desde luego el gobierno que ha sustituido el que ella perseguía, se parece en poco al suyo. Esperemos que no suponga un retroceso.
A ver si hoy hay suerte.
Yo sigo echando de menos a Allende…Pero coincido en que mejor Bachelet que el actual gobierno que se escora aún más hacia la derecha y todo lo que eso significa de privilegios para unos pocos en detrimento de las mayorías sufridoras.
Así y todo en América Latina se están moviendo cosas muy interesantes y entre ellas, la conciencia de los indígenas y de las mujeres. Y el movimiento hacia una democracia participativa, aunque le pese a Europa y Norteamérica que intenta desprestigiar por todos los medios a su alcance, especialmente por Medios de Comunicación.
Allende en mi opinión ha pasado a ser alguien mítico para los que creímos en Chile en aquel momento. La muerte lleva en muchas ocasiones a la gloria y así sucedió con él. No obstante, he seguido un poco la trayectoria de esta mujer. Alguien que era el delfín que “colocaban” en el Gobierno y sin embargo, creo que realizó una labor honesta que era muy difícil de sacar adelante.
Totalmente de acuerdo contigo en que América Latina se mueve. Siempre he pensado que es, todo el continente, algo vivo y joven. Algo que despierta en mi ese optimiso que siento perdido. Hace revivir en mi la esperanza de que todavía la lucha tiene sentido. Abrazos.